jueves, 23 de agosto de 2012

Borges: Prólogo a 'Crónicas marcianas' de Ray Bradbury


Todo el mundo que lo ha leído sabe que Ray Bradbury no es un autor más del género de la ciencia ficción, que si bien cumple con todos los cánones y convenciones del mismo, sus tramas e historias suelen ser una hipérbole de la condición humana, trazadas además con discurso poético.
En el prólogo a sus Crónicas Marcianas es que Borges se da lugar a advertirnos, junto con Bruno y con Bacon, que la verdadera antigüedad no está en la prehistoria o en las realidades homéricas, sino del todo en nuestros días, y cada vez más, nosotros somos la verdadera humanidad antigua, en tanto que cargamos la evidencia ya incluso ahora de un segundo milenio. Bradbury conjura esta razón, advierte Borges, en el que sus crónicas fechadas a futuro –al momento de publicación por primera vez de la obra– se hacen sentir en todo su peso de tiempo pasado, transcurrido, cuando en la mayoría de los relatos de ciencia ficción poco nos impresionan datos similares, puesto que se trata nada más que de una convención.
Otra vez, como en su análisis de La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, Borges intenta o descubre con Bradbury esa síntesis hallada (casi como una perla en el estiércol) entre el mainstream y el género fusionados, y está vez incluso agrega más al declarar que “toda literatura (me atrevo a contestar) es simbólica” (si bien Borges se contradijo anteriormente, en su prólogo a La humillación de los Northmore, de Henry James, manifestandónse despreciativo del simbolismo, si bien también para entonces ya había incurrido en otra contradicción respecto a James).
Simbólica, que no conceptual. Simbólica, que no significativa. Un misterio, que no un enigma (ver mi artículo ‘El lenguaje astrológico’).
Es aquí cuando Borges vierte sus formidables palabras: “…es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo "fantástico" o a lo "real", a Macbeth o a Raskolnikov, a la invasión de Bélgica en agosto de 1914 o a una invasión de Marte. ¿Qué importa la novela, o novelería, de la science-fiction?”.
Nada, no importa nada. Nada importa el género, me atrevería a decir que tampoco nada importa el mainstream, la observación psicológica, si carece de símbolo, si aquellos no hacen de canal para la transmisión del símbolo.
Como conclusión, recordar que siempre que podía Borges confesaba haber sido mejor lector que escritor (alguien que se permitía incursionar por el género y el folletín, tanto como escuchar Rolling Stones o Pink Floyd, y a su edad). Analizar así entonces el análisis (valga la redundancia) de éstas, sus lecturas, es un modo de acercarnos también al universo literario ya propio del prologuista.
Todo lo que Borges nos dice acerca de los diversos autores y de sus libros es concomitante a su propia obra.
No importa realmente si la invasión es la real a Bélgica en 1914 o una hipotética a Marte. No importa el mainstream, no importa el género. Lo importante es el símbolo.